Nos sorprendió un amigo irlandés con esto durante una cena y se me abrieron las orejas. Eran tan sólo una acústica y un susurro, pero conseguían crear un ambiente que ya quisieran los grandes mezcladores de chill out. Iron and wine, o lo que es lo mismo, Samuel Beam, suena dulce y tranquilo, melancólico. Una cosa tan delicada como el tema “Naked As We Came”, de su álbum Our Endless Numbered Days. Tienen trabajo nuevo, por cierto, The Shepherd’s Dog.

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